Tratar de forma aislada a un paciente puede ser un fracaso si no se tienen en cuenta situaciones y factores que se dan en el entorno social y familiar del paciente.

No es un secreto. La mayoría de psiquiatras y psicólogos saben que muchas patologías de la mente guardan una estrecha relación con el entorno familiar en el que se desarrolla la vida de su paciente. Bajo esta premisa, el profesional trata de dar con la causa y solución de un determinado problema psicológico, muchas veces entroncado por conflictos sociales o de interacción con los que convive el paciente. En este caso, estaríamos hablando de problemáticas tan diversas como trastornos en la alimentación o de personalidad, adicciones o abusos sexuales, por poner tan sólo algunos ejemplos. Las manifestaciones de estos trastornos de la personalidad pueden ser, a la vez, tan diversos como impulsividad, transgresión a las normas impuestas, baja tolerancia a la frustración, no aceptación de los límites…

¿Por qué surge la terapia familiar?

Todo comenzó en los Estados Unidos, durante la década de los años 50 del siglo pasado. Fue entonces cuando, diferentes profesionales de la psiquiatría y la psicología, comprobaron, frente a distintos trastornos mentales, los buenos resultados que podían obtenerse trabajando con las familias de los pacientes afectados.

La base de la aplicación de una terapia familiar, que llegó a España en los años ochenta, está claramente definida: tratar de forma aislada a un paciente, sin tener en cuenta su entorno familiar, suele resultar infructuoso. Sergio Oliveros Calvo es psiquiatra y un profundo conocedor de la terapia familiar. En palabras del doctor Oliveros «si esto sucede así es porque, en estos casos, no se tienen en cuenta situaciones y factores que se dan en el entorno social y familiar del paciente. Por ejemplo, ante el caso de un niño problemático en el colegio, una reunión con los padres suele revelar una problemática familiar como causa de que el niño se comporte de una determinada manera en el ámbito escolar».

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